jueves, 4 de mayo de 2017

CASABLANCA DE ABAJO, UNA ESCUELA DE VALORES



 
Hacía tiempo que le debía a mi amigo Antonio Martin una visita a su casa y a su ganadería. El pasado lunes tenia herradero y como un millar de veces volvió a invitarme, y como no podía ser de otra manera fui. yo esperaba encontrarme el típico herradero de una ganadería corta, que por problemas sanitarios de hace unos años, se esta rehaciendo de cero. Dos hierros la componen, Amalia Martin Gallego y Pablo Martin Gallego, los hijos de Antonio y su mujer Maruja.


Familiares y amigos componían la "cuadrilla de trabajo" para esta labor ganadera, y una veintena de adolescentes, (chicos y chicas), que disfrutaron como enanos de la jornada de campo.

Ese fue el momento en el que me di cuenta de que aquello no era solo una labor ganadera, ni tan siquiera una jornada de campo con familiares y amigos. Eso iba mucho mas allá. Eso era una lección en toda regla de los valores que envuelven el toreo, respeto, educación, afición, trabajo, dedicación... y todo lo que se les ocurra relacionado con lo más profundo del toreo y del campo bravo. Aquella veintena de chavales estaban recibiendo una lección de tauromaquia, de amor al toro bravo y a todos los animales, de naturaleza y respeto por el entorno... y en sus caras se deslumbraba un agradecimiento inmenso por lo que allí estaban viviendo.




 
Fue precioso ver como Antonio y Maruja herraban un macho junto a Amalia y Pablo, sus dos hijos, como los chavales sujetaron en el suelo una becerrita para que fuera herrada, como todos de una u otra forma se involucraron en las labores de campo... una gozada comprobar que a la juventud les interesa y les gusta el campo bravo y la tauromaquia.

Una vez finalizada la "lección" del herradero y su significado, Antonio tuvo el gran detalle de echar unas becerritas de las herradas a la plaza de tientas, para que todo el que quisiera comprobara de primera mano lo que es ponerse con una muleta delante de un animal. Amalia, Pablo, Javier, José, el propio Antonio y un montón de gente mas, bajaron al ruedo a disfrutar del momento.


A parte de la amistad que nos une, y del extraordinario trato recibido, llegue a casa con la sensación de que lo vivido en "Casablanca de Abajo" no había sido solo un día de campo, ni un día de herradero, ni un día con los amigos... Aquello iba mucho más lejos; una lección de valores, una lección de humildad, una lección de afición, constancia y sacrificio para divulgar la pasión por el toro bravo. Ojala algún día toda esa legión de "malmetedores" ignorantes "antitodo", vivieran una jornada como la vivida el pasado lunes en "Casablanca de Abajo", estoy convencido de que más de uno comenzaría a amar al toro bravo y lo que significa, y la inmensa mayoría dejaría de malmeter.
 

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