viernes, 2 de diciembre de 2022

UNA TARDE EN "EL PARQUE DE LOS TOREROS"

En las inmediaciones del paseo fluvial, en la zona ajardinada próxima a la margen del rio Tormes, hay un parque muy curioso, cuidado y agradable para pasear.

En este parque con la mirada fija y deslumbrante de la catedral, un puñado de toreros forjan sus sueños. Torean al viento con la intensidad, el gusto, el temple, la cadencia y trasmisión de una gran faena en cualquier plaza de toros.

Los inviernos de Salamanca todos sabemos cómo son, duros, fríos, con las tardes muy cortas, las nieblas heladoras que calan hasta los huesos, y si a todo esto se le suma la humedad que desprende el estar a escasos metros del caudal del Tormes, hace poco recomendable pasar las tardes por allí. Pero a este puñado de toreros les puede la afición, la profesionalidad, el entusiasmo, las ganas, la dedicación, el esfuerzo, la pasión, sobre todo la pasión por lo que hacen, lo que sienten y lo que quieren trasmitir en una plaza de toros.

Es un verdadero privilegio el pasar una tarde de entrenamiento entre los toreros, verles volar sus trastos al viento con la delicadeza del escultor que esculpe su obra, con la precisión de un pincel en el lienzo, con la pulcritud del poeta que plasma sus versos… a sabiendas de que su obra es tan efímera como un castillo de arena a la orilla del mar. Escuchar sus conversaciones de toreros, admitir con total naturalidad las correcciones de un compañero, agradecer las alabanzas con humildad y sonrojo.

Una tarde en “El Parque de Los Toreros” te da una clara perspectiva de lo dura, sacrificada, esclava y bonita que es esta profesión. Da igual el frio, la humedad, la niebla, la nocturnidad de las tardes de invierno, todo eso da igual si tienes pasión por lo que haces, por lo que luchas y por lo que quieres logras. David Sánchez, José Luis Barrero, Salvador Ruano, Juan del Álamo, Alberto Duran,” El Rafi”, “Nino”, Pablo Jaramillo… y algún torero más que ahora no recuerdo su nombre, me deleitaron con una tarde de toreo de salón, de corrección de errores, de coordinación de movimientos… de lo más íntimo y privado de un artista; su entrenamiento.