No es fácil, no llevo la cuenta, pero es fácil que en lo que
va de invierno, haya disfrutado de la preparación de los toreros en un numero
alto de tentaderos, aproximadamente cuarenta, pero lo qué si tengo muy claro, y
puedo asegurar, es que el tentadero de ayer en casa de Valrrubio con La Escuela
Taurina Diputación de Salamanca es el que más ilusión me ha hecho del año.
Ha sido un invierno “tormentoso”, difícil, incomprensible y
muchas veces doloroso por todo lo acontecido alrededor de la escuela, y en la mayoría
de los casos, por no decir en todos, sin sentido. Ha permanecido cerrada, por decisión
política, durante unos meses, dejando en la estacada y en la incertidumbre al
equipo docente y lo que es peor, a los alumnos que nada tienen que ver en todo
el “tinglado”.
Gracias a Dios y a la fuerza de La Escuela Taurina Diputación
de Salamanca, las cosas han vuelto a su cauce, no sin sacrificios y disgustos,
pero la honorabilidad, el prestigio, la solvencia y el respeto de La Escuela,
con más de cuarenta años y un curriculum envidiable, le han permitido volver a
caminar, pese a las trabas y los palos en las ruedas.
Ayer volví a comprobar una vez más, el compañerismo, respeto,
dedicación, sacrificio, educación… de los chicos de la escuela que fueron a
tentar a casa de Valrrubio, Iñigo, Noé, Fernando, Antonio, Hugo, Samuel y
Diego, y como no, de su director, José Ignacio Sánchez Santiago y todo el
equipo docente, que solo ellos, sabe lo que ha pasado sin necesidad alguna.
Volví a verlos felices haciendo lo que les gusta, disfrutando
de su pasión y gozando del momento que viven. Ayer fue un día para enmarcar y
mantener en la memoria, por el entorno, la casa ganadera, el respeto por el
toro y el toreo, por volver a caminar con paso firme, por crecerse ante el
castigo, y por lo que es más importante; volver a sonreír.
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