No tiene que ser nada fácil estar tanto tiempo sin torear, y
lo que es más duro todavía, sin tener nada ni a medio ni largo plazo. Desde su
alternativa, en septiembre del 24, hasta su tarde de La Copa Chenel en San Agustín
del Guadalix, Mario Navas no había vuelto
a vestirse de torero. Tiene que desesperar, eso está claro, pero este torero ha
utilizado todo este tiempo para madurar.
Madurar en su toreo, en sus formas y en su concepto. Ha
entrenado con la ilusión intacta, como si tuviera firmadas veinte tardes en “plazas
grandes”. Todo este tiempo, le ha servido para crecer como torero y como
persona.
Montalvo ha sido el escenario en el que Mario Navas, ha dejado fluir su concepto de torero puro, sentido, armónico,
acompasado… incluso en ocasiones, arrebatado. Con una gran personalidad, clásica,
pura y atemporal.
No hay que tener ninguna prisa con este tipo de toreros. Yo
siempre digo que los grandes guisos se hacen a fuego lento, y en el toreo pasa
exactamente lo mismo. Tranquilidad, paciencia y buen ritmo. La explosión
llegará cuando se al momento propicio, estoy convencido.
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