El tesón, pundonor, raza y entrega de López Chaves le dan el triunfo ante el mejor Galache de la tarde, premiado con la vuelta al ruedo.
Plaza de Toros de La Glorieta. Tercera de abono. Tres cuartos de aforo cubierto en tarde soleada y de agradable temperatura. Corrida de toros de Paco Galache, bien presentados, justos de fuerza y de juego desigual; 1º desigual en su comportamiento. 2º Noble, codicioso y de largo recorrido, de nombre “Chillón” y herrado con el nº 23; premiado con la vuelta al ruedo. 3º Sin franqueza en sus embestidas y soltando la cara. 4º Sin ninguna codicia y a media altura. 5º Justísimo de fuerza y sin condición. 6º Con medias embestidas.
José Antonio Morante de La Puebla de azul añil y oro; Estocada tendida, ovación. Estocada, oreja con petición de la segunda.
Domingo López Chaves de caldero y oro; Estocada, dos orejas. Dos pinchazos y estocada, ovación.
Alejandro Marcos de Sangra de toro y azabache; Estocada, saludos desde el tercio. Estocada caída, palmas de despedida.
Saludaron montera en mano tras parear de forma brillante al segundo toro de la tarde, Roberto Blanco y Javier Gómez Pascual.
Morante ha dejado otra dimensión de su toreo esta tarde en La Glorieta. Torero de gusto y regusto, esta tarde ha dejado su versión de torero de valor y enrabietado, algo poco visto en el de La Puebla. Aposto por sus dos toros que tenían pocas o nulas condiciones para su toreo y para el lucimiento. En su segundo se inventó una faena meritoria a base de ganas y valor.
Domingo López Chaves es incombustible. Qué manera de salir a la plaza, a revienta caldera, como si “necesitara” el triunfo para justificar una trayectoria más que consolidada. Raza, valor, entrega han sido siempre sus bazas, ahora aderezadas con el poso de los años y el temple de la vida. Una gran tarde del Ledesmino en La Glorieta; otra más, porque nunca defrauda.
Alejandro Marcos venía con el aura del éxito cosechado el año anterior con este mismo hierro, pero en esta ocasión tocaron bastos. Con su primero noto la frialdad y presión del publico de La Glorieta que lo esperaba con exigencia. Con su primero esbozo muletazos de bella factura y trazo, sin llegar a calar en el tendido. Con su segundo más de lo mismo, medio toro con medias embestidas que imposibilitan cualquier ligazón. Así es muy difícil reeditar laureles.
Una tarde que había levantado una gran expectación, y a excepción del segundo toro, todo quedo entre dos aguas; ni bien, ni mal, ni todo lo contrario.


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